Poesía

A través de mi piel

 

Si tuviese que describirla,
casi sin pensarlo
y sin ostentosas palabras,
diría que ella es un ave,
errática y sincera
que llegó a mí sin pedirlo
que va y viene
cada vez que quiere
con una libertad absoluta.

Ella entra a la alcoba
y se posa sobre mis sueños
sin invitación previa,
se cuela en cada uno de ellos,
dejando su apacible aroma
de ríos caudalosos,
de azules y grandes sombras,
de soles recién amanecidos.

La triste distancia
en el espacio y el tiempo
no es un insalvable obstáculo
para un ave como ella,
que suele venir con frecuencia
a dormir en mi cama
a comer conmigo
a darme el olor a duraznos
que desde su piel emana
a mostrarme con ilusión
sus tacones altos y rojos
su amor que cae como lluvia.

Llega mientras duermo
y mi alma es totalmente libre,
me besa sin despertarme,
y siento en su boca
el sabor de la certeza
de los amores más antiguos
que duran más de cien vidas,
y hacen posible lo imposible.

Me encuentra silente
y me habla al oído,
su voz es bálsamo,
su voz es vida,
y luego, cada día,
despierto con su nombre
escrito en mis pupilas,
como un tatuaje.

Cada día me acuesto
con grandes ansias
de que vele mis sueños
y consiga en ellos
la dorada puerta
y pueda amarme
y entrar a mi alma
a través de mi piel.

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