Frente a la ventana
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Tímidamente se asoma a la ventana,

con su mirada desnuda y sus labios cerrados,

el horizonte se le antoja insípido,

como si el mundo se hubiese detenido

y se hubiesen marchado todas las golondrinas,

dejando apenas la soledad y el silencio.

 

Sobre la mesa hay un café que le espera,

la duda que siente antes del desayuno,

un periódico del día anterior aún abierto,

la certeza de la soledad hiriéndola sin piedad.

 

Se hace la pregunta de cada mañana,

se desnuda el alma y la pone al fuego,

recibe el puñal de su angustia matutina,

de vivir que es su deseo más reprimido

pero se convence a sí misma

de que ya no hay tiempo,

que las golondrinas se han marchado,

que quizás han muerto,

/como ella/

y vuelve a posar su mirada en la ventana.