Fuerza y fe, un poema para Venezuela
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Fuerza y fe

quizá más lo primero,

pero ambas necesarias,

imprescindibles,

para salir del abismo,

de sus hondas tinieblas.

 

Libertad

la que gritan las calles,

la que arde en las venas,

en las cárceles

de los presos de conciencia,

en los ojos

cansados,

lagrimosos,

de los que sueñan

con un país diferente.

 

Levantamos la mirada

por los cabizbajos,

los que mueren cada día

y los que luchan sin miedo

en las calles soleadas

o bajo la lluvia de plomo,

de pólvora maldita,

de fuego asesino

vomitado por la dictadura,

por sus verdes esbirros.

 

Brillan rosas de sangre

en la piel desnuda

y en los corazones grandes

de la juventud heroica,

ofrendas a la democracia

y sepultura para el régimen,

porque no habrá gota

que quede olvidada

ni vida truncada

que no se vengue.

 

Renacerá la libertad

cuando los esbirros callen,

cuando estas calles griten,

cuando el tirano huya

o lo hagan enmudecer,

y vuelva la democracia

que no se debió perder.

 

Fuerza, fuerza y fe

para el que soporta las bombas

y el que sufre en las mazmorras,

fuerza para el que lucha,

para que no deje de creer,

fuerza, fuerza y fe.

 

Fuerza, fuerza,

fuerza y fe,

para las madres que lloran,

para una nación que sufre

cuando uno de sus hijos

parte para no volver.

 

Fuerza,

cuánto la necesitamos,

fe,

una bandera de lucha,

una patria robada

que aún late en el corazón,

a pesar de las balas,

de los gases que asfixian

y de las viles torturas.

 

Esta es ya la madrugada,

el punto más oscuro

de esta noche nuestra,

dentro de poco

avanzará el limpio sol,

el sol de la libertad,

y la dictadura caerá,

como caen las rocas,

después de tanta maldad.

 

Ernesto Escobar